Una investigación detallada revela la crítica situación que atraviesa el sector de hidrocarburos en las zonas fronterizas. El Gas Licuado de Petróleo (GLP), que cuenta con un fuerte subsidio estatal para el beneficio de las familias bolivianas, está siendo desviado de manera masiva hacia el Perú. Este fenómeno no solo representa una pérdida económica millonaria para el Estado, sino que ha comenzado a generar un marcado desabastecimiento que afecta a los ciudadanos en ciudades como La Paz y El Alto.
La ruta del contrabando y el precio del GLP en la frontera
El incentivo principal para este movimiento ilegal es la abismal diferencia de precios. Mientras que en Bolivia una garrafa de gas se mantiene en su precio subvencionado de 22,50 bolivianos, al cruzar la frontera el panorama cambia drásticamente.
- En localidades fronterizas como Janko Janko y Puerto Acosta, el producto se ofrece inicialmente con un incremento significativo.
- Una vez en territorio peruano, específicamente en zonas como Desaguadero, la garrafa boliviana puede alcanzar precios que oscilan entre los 35 y 75 soles.
- Reportes indican que en mercados más alejados de la frontera, el costo del gas boliviano puede llegar incluso a los 180 soles.
Mientras algunos medios reportan que el precio máximo alcanza los 75 soles, otros señalan que la cifra asciende a los 180 soles dependiendo de la escasez y la demanda en el lado peruano. Esta brecha de precios fomenta que camiones con carrocerías camufladas trasladen el combustible evadiendo los controles aduaneros, los cuales han sido reportados como insuficientes o inexistentes durante la madrugada.
Impacto en el mercado interno y operativos de control
El desvío del 30% del combustible boliviano hacia países vecinos como Perú, Brasil y Argentina ha provocado que la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) intensifique sus labores de vigilancia. Recientemente, se han registrado operativos en ciudades como Viacha y El Alto, donde se incautaron centenares de garrafas que estaban listas para ser transportadas ilegalmente.
Expertos y autoridades coinciden en que el fin de la subvención a otros combustibles ha provocado que las redes de contrabando migren sus operaciones hacia el GLP. Esta situación ha derivado en largas filas en las plantas envasadoras y una creciente preocupación en la población ante la dificultad de conseguir el insumo básico para la cocina y el hogar.
Antecedentes y caída de la producción
El escenario se agrava por un factor estructural: la caída en la producción de gas natural en Bolivia, que ha descendido un 52% en la última década. Sin nuevos descubrimientos de megacampos y con una política hidrocarburífera que requiere ajustes normativos, el país se enfrenta al riesgo de tener que importar GLP en el corto plazo si no se frena la fuga ilegal del producto.






